La historia

Descubriendo Brasil: colonización accidental


Entre los muchos hombres que viven en Brasil, Diogo Álvares Correa se destacó. Caramuruy João Ramalho. Caramuru, desde su hundimiento en 1510 hasta su muerte en 1557, vivió en Bahía, siendo muy respetado por los Tupinambás.

Tenía varias mujeres indígenas, entre ellas Paraguaçu, hija del principal jefe guerrero de la región. Con ella tuvo muchos hijos e hijas, dos de los cuales se casaron con españoles, residentes de la misma región. João Ramalho, por otro lado, no sabe si fue náufrago, exiliado, desertor o aventurero.

Desde 1508 vivió con los indios Guaianá, en la región de São Vicente. Se casó con Bartira, hija del mayor jefe guerrero de la región. Tuvieron varios hijos e hijas, que se casaron con hombres importantes.

Caramuru y João Ramalho tenían algunas características en común: muchas concubinas, muchos niños, poder y autoridad entre los nativos. Protegieron a los europeos que vinieron en busca de riqueza, y con ellos hicieron negocios. También ayudaron a quienes naufragaron en su dominio proporcionándoles esclavos, comida, información, botes pequeños y guaridas. A cambio, recibieron armas, monedas de oro, ropa y noticias sobre el mundo europeo. Gracias a la obediencia que los indios les tenían, los expedicionarios portugueses fueron recibidos de manera hospitalaria y obtuvieron información importante sobre la tierra.

Caramuru y João Ramalho son parte de un grupo de hombres fundamentales en la colonización de Brasil. Además de participar activamente en este proceso, aunque accidentalmente, prepararon y facilitaron el establecimiento de la colonización oficial de tierras portuguesas en América. La Corona, reconociendo el importante papel de estos hombres, les asignó funciones oficiales. João Ramalho, por ejemplo, en 1553, fue nombrado capitán de la aldea de Santo André por Tomé de Sousa, el primer gobernador general de Brasil.

Los jesuitas también buscaron aprovechar la relación de estos hombres con los indios para cumplir su misión evangelizadora. Para ellos, estos aventureros portugueses representaban la afirmación integradora de ambos mundos: el bárbaro de los indios y el civilizado de los europeos.

En este período de colonización accidental, se establecieron innumerables fábricas en diferentes puntos de la costa. Se establecieron alianzas y los contactos entre portugueses e indios se hicieron más sistemáticos y frecuentes. Estas estrategias, sin embargo, no fueron suficientes para asegurar el dominio de Portugal sobre sus tierras. No garantizaban una forma efectiva de ocupación de la costa, en toda su extensión.

El rey francés, Francisco I, insatisfecho con la situación, decidió impugnar monopolio La Corona Ibérica sobre las tierras del Nuevo Mundo, legitimada por el Tratado de Tordesillas en 1494. La Corona francesa tenía la intención de establecer el principio de Uti Possidetis, por el cual solo la ocupación efectiva del lugar aseguraba su posesión.

Para resolver este problema definitivamente, la Corona portuguesa estableció una política de colonización efectiva de Brasil. Dos hechos contribuyeron a esta decisión. Uno de ellos fue el declive del comercio oriental, cuyas inversiones comenzaron a pesar mucho en la economía portuguesa. Las ganancias fueron en gran medida con los financieros de Flandes, la actual Bélgica. El otro hecho influyente fue la noticia del descubrimiento, por parte de los españoles, de metales preciosos en sus tierras americanas. Esta noticia estimuló el interés portugués en el nuevo territorio, reforzando la idea de un prometedor "eldorado" para el negocio portugués.